¿Qué lamenta la corriente del mar
cuando al tragar los huesos
percibe la ausencia embustera
del espíritu que la sobrevuela?
Espuma ávida de deseo…
¿Esperabas sentir el calor de mi cuerpo
desaparecer en las profundidades
de tu memoria?
¡Quédate con mis pechos vacíos!
Sí…
Ella lamenta perderse
en el brío de su propio torrente.
¡Vuelve a besar los pies
que, indiferentes, te abandonan!
¡Vuelve… para irte sola, sin mí!

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